Golden Nile
The waters of the Nile, the long African-Mediterranean river, are again under threat. Egypt and Sudan, the states that mostly benefit from the river resources, are currently facing the claims of the other Nile basin states for a fair share of its waters. Ethiopia loudly expresses its demands. Meanwhile, Israel Minister of Foreign Affairs embarks in an African tour, China strongly inverts in hydro-power development in Ethiopia, and Italy is funding million dollars projects to improve water management within the Nile basin states. Many actors involved and crossed interests in the race for the African’s gold.
Check the article “La guerra latente per le acque del Nilo tra Africa e Mediterraneo” published (in Italian) on the digital review AffarInternazionali.
HABITATEIN – MAR QUNEITRA
In June 1974, Israeli troops withdrew from the Syrian town of Quneitra after occupying it for almost 7 years. Before leaving, Israelis completely destroyed this town on the strategic Golan Heights. Syrians decided to make of the town an open-air museum, which became a pilgrimage site for Syrians and tourists. A desolated landscape, and a perfect habitat for cicadas…
[This clip is part of the project HABITAT: war insanity AND inhabitant casualties]
El reto de Al Qaeda en la reconstrucción libanesa
Cuando los cohetes lanzados desde territorio libanés aterrizan en el norte de Israel, la tendencia es señalar hacia la guerrilla chiíta de Hezbollah o hacia los grupos palestinos con bases en Líbano y fieles a Damasco, como el Frente Popular por la Liberación de Palestina liderado por Ahmad Jibril. Los nueves cohetes caídos a finales de 2005 en la ciudad israelí de Kiryat Shmona, sancionaron definitivamente la presencia de un nuevo actor en territorio libanés. Desmentida la autoría de Hezbollah o de los grupos palestinos fieles a Siria, la reivindicación directa realizada por el ya difunto Abu Musab Al Zarqawi confirmaba la presencia de células salafistas en la órbita de Al Qaeda firmemente implantadas en el Líbano.
La noticia circuló entre medios de comunicación y analistas, en medio de una indiferencia general, seguida por algunas encarcelaciones y coincidiendo con momentos álgidos del caos político libanés, consecuencia de la salida de Siria del país de los cedros en la primavera de 2005 y la consiguiente batalla para acaparar su predominio interno. Las breves noticias referentes a la actividad qaedista en Líbano en los últimos años han aparecido siempre ligadas, mas que con la cuestión propiamente palestina, con la de los campos de refugiados palestinos, diseminados por todo el territorio libanés. Territorios convertidos en zona franca, donde el ejercito nacional libanés no tiene autorización para entrar a causa los antiguos acuerdos de Cairo de 1969, que reconocían una cierta autonomía palestina en territorio libanés. Asbat Al Ansar, Jund Al Sham y, de momento, el ultimo, Fatah Al Islam, son los nombres de estos grupos radicales suníes de inspiración salafista. Ain el Helue, en la periferia de Sidón, y Nahr El Bared, unos kilómetros al norte de Trípoli, son los campos palestinos en los que dichos grupos se mueven más activamente. El vínculo entre ellos y la cuestión palestina pasa, más que por cuestiones ideológicas, por la pobreza, la aparente anarquía y la ausencia de futuro para los que viven casi “encarcelados” entre los cuatros muros de estos campos de refugiados. Un caldo de cultivo perfecto para el reclutamiento y el adoctrinamiento de jóvenes sin esperanzas. Novicios indoctrinados que también partieron hacia Iraq, para combatir en la guerra santa contra el invasor americano. Un ambiente propicio y receptivo a las predicas salafistas, como pueden serlo los misérrimos suburbios de Casablanca, Tánger y otras grandes ciudades del mundo árabe.
También en el caso de la situación actual en el campo de Nahr El Bared, resulta más apropiado hablar de grupos relacionados con Al Qaeda, que no de palestinos, aunque en sus filas puedan aparecer tanto palestinos como milicianos de otras nacionalidades árabes, que las ultimas crónicas señalan como mayoritarios. Aquello que ambos comparten, refugiados y “yihadistas”, son estas “islas felices” sin leyes, donde los primeros viven en la pobreza cotidiana y los otros pueden cosechar un fácil consenso y captar nuevos reclutas entre los “condenados de la tierra” libanesa.
Una situación novedosa que no se limita únicamente al Líbano, sino que también asoma en aquellos Territorios Palestinos hasta hace pocos meses aparentemente inmunizados ante la amenaza de estos grupos. Organizaciones radicales salafistas nacidas entre los palestinos, especialmente en la franja de Gaza tras la retirada israelí, y que actualmente reivindican el secuestro del corresponsal de la cadena británica BBC Alan Johnston. Una perspectiva alarmante, que también se esfuerzan por gestionar las facciones palestinas de Fatah, Hamas y la Jihad Islámica.
La presencia masiva en el Líbano, a finales de los sesenta, de refugiados y fedayin palestinos, gozaba del respaldo de las fuerzas progresistas y nacionalistas del Movimiento Nacional Libanés, y fue una de las fuentes de inestabilidad del sistema que llevó a la larga y sangrienta guerra civil iniciada en 1975.
A diferencia de lo sucedido hace ya cuarenta años, ninguno de los dos bloques que ahora se disputan el predominio interno sobre la critica situación política libanesa, se identifica estrictamente con la causa palestina, ni ofrece un apoyo directo a los palestinos libaneses, ni tan siquiera los grupos salafistas. Por un lado, el bloque de la oposición, mayoritariamente chiíta y con el apoyo del líder cristiano Aoun, mira con sospecha a los palestinos, suníes en su práctica totalidad, temiendo la tan anunciada exportación de la guerra sectaria desde escenarios iraquíes hasta las costas libanesas. Al otro lado, en las heterogéneas filas de las fuerzas gubernamentales, que reúnen especialmente a suníes, drusos y cristianos, se encuentran tanto las fuerzas cristianas que se mancharon de sangre con las masacres en los campos palestinos de Sabra y Chatila en 1982, como los suníes de Hariri, respaldados por la Arabia Saudita aliada de los americanos en el polvorín medioriental.
Con la salida del país del “arbitro” sirio en el abril de 2005 y el consecuente vacío de poder que se ha ido formando, el Líbano se encuentra actualmente en medio de una situación que podría llevarlo a la explosión de su sistema confesional o la remodelación del mismo, y una lucha por el poder entre dos bloques que encontrará su punto álgido en la elección del Presidente de la República, prevista para septiembre. Una elección que, muy probablemente, permitirá conocer que dirección escogerá el Líbano de los próximos años.
En el fondo queda la eterna cuestión palestina, para la que el, ya de por si frágil, estado libanés, no dispone de medios de resolución, y tiene únicamente que estar a la expectativa por un acuerdo colectivo entre los actores regionales y internacionales involucrados. Los frentes abiertos van multiplicándose vertiginosamente en el escenario libanés. Por un lado, en el sur del país patrullado por las tropas del contingente internacional del UNIFIL, nos encontramos con la actuación de las milicias de Hezbollah, el tráfico de armas y sospechosos movimientos israelíes en la frontera. En la capital Beirut, con la oposición acampada en el centro de la ciudad desde hace casi seis meses, permanecen vigentes fuertes sentimientos sectarios que dividen a los dos bloques, como atestiguan los más de veinte muertos señalados en todo el país desde el pasado diciembre. Y el norte completando la situación de caos, donde la cuestión palestina se mezcla ahora a la del salafismo y la presencia masiva de armas fuera del control del estado.
Es difícil de prever si los libaneses encontrarán la solución para salir de esta complicada madeja dentro de sus propios confines o si bien, y como marca la desdichada costumbre histórica, seguirán dirigiéndose hacia los siempre ambiguos e interesados agentes externos.
Published on Makan3am
Il Janub, ovvero il sud del Libano e della sua capitale
Reportage nel “meridione” del paese dei cedri durante la prima settimana di tregua.
Il villaggio di Debel si trova a cinque km di distanza dal confine con Israele, ed è stretto nella morsa di Aita el Chaab e Bint Jbeil, i paesi dove forse più si è sofferto la guerra e che maggiormente sono stati bombardati dall’artiglieria israeliana e dal fuoco di Hezbollah. Debel è un villaggio a stragrande maggioranza cristiano-maronita, e lo si può notare dai poster del leader delle forze libanesi Samir Geagea appesi ad ogni angolo e dalle rappresentazioni sacre ai cigli delle strade. Un’altra caratteristica della città, rispetto alle circostanti, è la presenza su numerose case di sventolanti e grandi bandiere bianche. La città è in gran parte intatta, sembra solo svuotata dei suoi impauriti abitanti, ma è strano incontrarsi un villaggio in queste condizioni ad appena cinque minuti di distanza da Bint Jbeil.
Bint jbeil è concretamente inesistente. I segni di una battaglia campale sono evidenti, o come piace definirlo ai media, di una chiara lotta “casa per casa”, così come degli effetti dei bombardamenti dall’alto. La parte antica di questa cittadina di ventimila anime è stata rasa al suolo e gli edifici ancora in piedi e non ridotti in calcinacci, sono sventrati almeno per metà. Televisioni penzolanti, pali della luce inarcati sulle strade, macchine parcheggiate di cui restano solo le sagome e scorci di mobilio in case all’aria aperta, sono il panorama più ricorrente. Tra i vicoli della città camminano, oltre a pochi disperati abitanti della città che constatano le condizioni delle loro case, quasi unicamente persone con blocco alla mano e bomboletta spray. Segnano le case distrutte con cifre in spray rosso e scrivono alcune note sul blocco che hanno nelle mani. Sono probabilmente membri di Hezbollah che si sono messi velocemente al lavoro per contare i danni ed identificare le famiglie che riceveranno il sussidio annuale promesso da Hassan Nasrallah. Non sarà possibile ricostruire Bint Jbeil, considerati i danni sofferti, ma quasi certamente “risorgerà” in un’altra posizione.
A differenza di Bint Jbeil, Aita el Chaab presenta più quella tipologia già sperimentata dall’esercito israeliano in Gaza e Cisgiordania. Qui sono entrate in scena le ruspe israeliane ed in buona parte hanno livellato il villaggio. La peculiarità di Aita el Chaab sta nel fatto che si possono incontrare, per la gioia della propaganda di Hezbollah, alcuni resti dei mezzi militari israeliani. Carcasse che già sono diventato simbolo, e che già sono sovrastate da bandiere di Hezbollah e del Libano. L’esercito israeliano, come affermano alcuni testimoni oculari, ha accuratamente raccolto tutti i resti che avrebbero potuto denotarne una sconfitta o forti perdite; una minuziosità che non ebbero durante il ritiro dal Libano nel 2000, quando lasciarono numerosi mezzi militari sul campo, ed in seguito furono trasformati in “monumenti” della liberazione da Hezbollah.
I soldati israeliani non si vedono, e l’unica presenza visibile è quella di un dirigibile bianco che staziona sospeso in aria nei pressi della frontiera a Nord di Bint Jbeil. Della presenza dei soldati israeliani rimangono solo i resti delle bottiglie d’acque consumate durante il caldo infernale dell’offensiva d’agosto (rigorosamente di marca israeliana) e le nuove “strade” di terra battuta spianate dagli ormai sfortunatamente famosi merkava, che scendono dai crinali montagnosi e si perdono oltre il confine. L’esercito libanese sta lentamente “occupando” alcuni edifici pubblici nel sud per farne nuovi quartieri generali, ma ancora è lontano dal confine con Israele, e nelle città più martoriate non se ne intravede alcuna traccia. Per quanto riguarda le forze d’interposizione dell’Unifil, anche in questo caso, solo alcuni sparuti carri-armati in pochi villaggi.
Questo è in linea di massima lo scenario dei villaggi del sud del Libano nella strada che da Cana porta e Bint Jbeil e da qui scende, parallelamente al confine, fra piantagioni di banani ed ulivi, fin verso Naqura. Le eccezioni sono date da qualche villaggio cristiano (molti sono stati ugualmente vittime dei bombardamenti) e da alcune sfarzose case principesche, probabilmente di ricchi emigranti sciiti che hanno fatto fortuna in Africa. Tutto questo è sintomatico e aiuta a chiarire gli obiettivi della guerra delle scorse settimane. Il concetto colonialistico del divide et impera sembra che sia stato riproposto ed utilizzato questa volta con la variante della distruzione. Divisione e distruzione sembra che siano state le variabili utilizzate durante quest’estiva offensiva israeliana in Libano. Da un lato, “bombardando” la popolazione con volantini propagandistici (e sms alla telefonia mobile) inneggianti al sollevamento contro Nasrallah, e dall’altra, colpendo un’intera popolazione nelle sue infrastrutture più basiche.
Si sono colpite le cosiddette roccaforti di Hezbollah per debilitarne soprattutto il sostegno della sua popolazione meno abbiente, forse quella che più materialmente contribuisce con uomini alla “resistenza” del partito sciita. La stessa tecnica è stata utilizzata a Dahia, nell’agglomerato urbano del sud della capitale libanese, feudo sciita per eccellenza e rinomata sacca di povertà. Qui è stata rasa al suolo la supposta residenza di Hassan Nasrallah e l’edificio della televisione Al-Manar, che simbolicamente continua a trasmettere tra le macerie. Per entrare nell’area di Dahia, è necessario un lasciapassare rilasciato da un banchetto ad ogni entrata dell’area di sicurezza con rappresentanti di Hezbollah che controllano i documenti. La presenza del Partito di Dio è constatabile, anche se è possibile intravedere ben pochi miliziani armati, ma piuttosto coloro che più chiaramente fanno parte del servizio di sicurezza e non sono certo guerriglieri. A Dahia, così come nel Sud è molto difficile identificare elementi di Hezbollah. La presenza di Hezbollah è data invece dai cartelli propagandistici a sfondo giallo fosforescente che campeggiano nelle strade dei villaggi e nei suburbi. I messaggi sono di una forte ed ironica drammaticità in stile “The great middle beast”,“This is your democracy” ed ”Extremely accurate target” di fronte a casa rase al suolo, e con nel contorno alcune invettive contro Condolezza Rice. A livello propagandistico, la strada che da Beirut porta all’aeroporto è quella probabilmente più suggestiva. I cartelloni, normalmente pubblicitari, sono stati sostituiti da quelli della Divine Victory, che alterna immagini di guerriglieri in marcia al tramonto, vecchi in lacrime con macerie sullo sfondo, bambini feriti e batterie di razzi katiuscia pronti al lancio.
Il janub, il sud, in tutte le sue forme e connotazioni, è l’elemento che simbolicamente si è voluto colpire con questa guerra. Un janub che in Libano, e nella sua capitale, è pressoché sinonimo di comunità sciita. Il nord di Beirut ha ricevuto solo simbolici e dettagliati bombardamenti. Entrambi i fari della capitale sono stati minuziosamente colpiti con una precisione accurata. Così è stato anche per il nord del Libano, colpito principalmente nelle zone a ridosso della frontiera siriana ed in alcune infrastrutture di viabilità. Sono proprio queste infrastrutture che sono state rase al suolo completamente nel sud del Libano ed in minima parte nel nord, allo scopo di raggiungere il funzionale obiettivo di dividere la popolazione libanese al suo interno. La strada che dai sobborghi di Beirut porta fino a Sour è stata spogliata di tutti i ponti che la collegano alla montagna. Ogni singolo ponte (forse una o due eccezioni per un totale di una trentina di ponti) è stato bersagliato millimetricamente e reso inagibile, così com’è successo con tutte le stazioni di rifornimento. I due bersagli strategici principali. Ma quello che più rabbrividisce, è la presenza delle carcasse di automobili ai lati della strada, senza alcun segno di distruzione circostante. Quasi tutte con il muso diretto verso Beirut, verso un nord sicuro, ed emblematico della precisione dell’aviazione israeliana nel bombardamento di civili in fuga o di improbabili “terroristi”. E’ difficile, guardando i rottami di queste vetture, pensare all’errore umano. Sfortunatamente non sono i civili in fuga, le stazioni di servizio ed i ponti, le infrastrutture utilizzate dal “terrore” di Hezbollah, ma elementi essenziali per il sostentamento di tutti i cittadini, com’è stato sottolineato nell’ultimo rapporto di Amnesty International. La propaganda israeliana a livello di mainstream mondiale ha sempre indicato la distruzione di obiettivi strategici e funzionali all’annientamento di Hezbollah. Sono le varie industrie del latte, della plastica e farmaceutiche, dislocate in varie zone del paese, e bombardate dal cielo, parte essenziale dell’infrastruttura del “terrore”? Il tentativo di debilitare profondamente la concorrente economia libanese è stato uno degli altri “effetti collaterali” di questo mese di campagne via terra e raid aerei. L’offensiva in Libano è stata una guerra che ha avuto come obiettivo quello di annichilare Hezbollah, ma che si è avvalsa del tentativo di rompere il fragile equilibrio libanese, utilizzando morti, e disagi per tutta la nazione, come mezzo per raggiungerlo. Insieme con il tentativo di smantellamento della maggioranza della popolazione sciita si è cercato di provocare un intero paese, e la sua popolazione, alla rivolta interna e quindi renderlo innocuo verso l’esterno. Lo Stato libanese, in mezzo a tutto questo, è rimasto assente, stretto nella morsa degli amici americani e dei nemici siriani, e continua ad esserlo anche nel dopoguerra. Il risultato è chiaro sul tavolo. Hezbollah si è rafforzato enormemente, ha acquisito ancora maggiore credibilità, sia su scala regionale che nazionale, ed è diventato ormai sinonimo di struttura “semi-statale”. Dall’altra parte, lo Stato libanese, o meglio, le forze che già in precedenza si trovavano in opposizione ad Hezbollah, nonostante l’ottimo diplomatico atteggiamento utilizzato durante la guerra, si stanno leccando le ferite cercando di riacquistare sovranità. Mentre ognuno canta la propria vittoria, mentre tutti aspettano il secondo round della guerra, e l’arrivo di un’ipotetica forza multinazionale con la bacchetta magica della pace, il Libano intero, in bilico tra stabilità e precipizio, è in ginocchio e fatica a risollevarsi.
Published on ReporterAssociatiInternational [PhotoRiportag]
Vittime di chi?
Fadi è in Italia, a Roma. Dopo aver seguito per tre anni un corso d’italiano all’Istituto Culturale Italiano di Beirut, finalmente è riuscito ad ottenere un visto per studiare in Italia, in cerca di un futuro più dignitoso. Fadi è di un piccolo paesino del Sud del Libano, nei pressi della città di Tiro. Tre volte la settimana parte dalla sua casa con un servis (taxi collettivo libanese) con direzione Tiro, la città più popolata del Sud. A Tiro quindi sale su un minibus che in poco più di un’ora lo porta a Beirut. Finita la lezione lo stesso tramite. Fadi chiaramente non può permettersi di affittare una stanza a Beirut, troppo cara la capitale libanese. L’ambasciata italiana, per rilasciare un visto di studio ad uno studente libanese, l’anno scorso, ha drasticamente alzato il prezzo della caparra che ogni studente deve versare, per partire, in un conto corrente di una nota banca italiana. Mentre gli anni precedenti la caparra si aggirava sui 2000$, un prezzo già proibitivo per famiglie numerose del sud del paese, l’anno scorso, è stato alzato a 5000$, giusto un mese prima della scadenza delle iscrizioni nelle Università italiane. Come trovare tanti soldi in così poco tempo? Come trovare 5000$ quando una famiglia del sud del Libano può vivere con in media 10.000 delle nostre vecchie lire al giorno? Eppure Fadi ce l’ha fatta, è riuscito a trovare i soldi, lavorando, chiedendoli in prestito,…ed ora è in Italia. Da dieci giorni non ha più notizie delle sue due sorelle che vivevano a Bint Jbeil, nel sud libanese, a ridosso della frontiera con Israele. Il paese è sotto continuo bombardamento da quindici giorni, è stato svuotato completamente, nelle sue strade si affrontano le forze speciali israeliane e la guerriglia di Hezbollah, tra cadaveri di civili che nessuno raccoglie (sfortunatamente mi piacerebbe che fosse solo una frase giornalistica ad effetto), dovuto al fatto che “non è il momento per un cessate il fuoco”. Fadi non riesce a contattare nessuno che possa dargli notizie delle sue sorelle. La maggior parte della popolazione del sud si sta spostando verso la capitale nei centri d’accoglienza che si stanno allestendo per rifugiati. La Croce Rossa parla di più di 700.000 rifugiati, non male per uno stato di massimo 4 milioni d’abitanti. Mettetevi nei panni di Fadi per un secondo. Di fronte a quello che propongono i media italiani probabilmente chiunque si farebbe sopraffarre dal pessimismo. I centri culturali stranieri di Beirut sono pieni di ragazzi speranzosi come Fadi. Fadi non è né cristiano né musulmano. Fadi non esiste materialmente. Ci sono decine di migliaia di Fadi nel mondo. Ci sono centinaia di Fadi anche nel nostro Belpaese. Pensate comunque a tutti loro per un attimo. Tutte vittime dell’ennesima guerra. Guardiamo le vittime ora, poi penseremo ai colpevoli. E’ abbastanza.
Published on SabatoSera – Bassa Romagna
Luci spente su Beirut
Il faro di Beirut è situato in una zona molto popolare, nel quartiere di Manara, sulla Corniche, il lungomare cittadino. Nei pressi del faro c’è un popolare ristorante bagnato dagli spruzzi del Mediterraneo, e c’è il rischio di inciampare in accaniti pescatori locali. Ogni giorno al calar del sole si riuniscono sulla Corniche una promenade di beirutini, chi per passeggiare, chi per prendere un caffé, famiglie intere con narghilé e cibo fatto in casa. Portano sedie da casa, certi stendono tappeti, ed occupano tutto il lungomare; sono soprattutto famiglie dei suburbi e del sud, che non possono permettersi di “accedere” alla fatiscente Downtown, ricostruita dalle macerie della guerra con soldi sauditi e con prezzi inaccessibili a molti.
Il faro è stato oggi bombardato impunemente dalle navi da guerra israeliane appostate al largo delle coste della capitale. Probabilmente anche il ristorante, e non sembra ci sia nessuna traccia di pescatori o famiglie di Dahiya (letteralmente “suburbio” in arabo), quelle stesse famiglie che ora stanno fuggendo dai bombardamenti delle loro case costruite nel post-guerra, cercando rifugio in scuole o appartamenti vuoti in zone del centro cittadino.
Era veramente importante colpire il faro cittadino, in un Libano già isolato via mare dalle navi militari israeliane? Era un obiettivo concreto o serviva solo a distruggere un simbolo della città e mettere psicologicamente in ginocchio i suoi cittadini?
Da quando è cominciata la guerra (e mi intristisce il pensiero di denominarla in questo modo) niente sembra aver senso. Bisogna allora domandarsi se ha senso questa “guerra”, quando il governo libanese non l’ha dichiarata, ed inerme subisce i bombardamenti israeliani, vittima di una complicata dinamica di forze interne e di un difficile bilanciamento confessionale-regionale, difficilmente spiegabile nell’ottica degli stati-nazione occidentali.
Non è una guerra fra Stati, anche se Israele continua a chiamare in causa Siria ed Iran; è una guerra fra gli Hezbollah, che cercano di rappresentare il malessere delle masse arabo-musulmane, e lo Stato d’Israele.
Israele sta cercando di mettere in ginocchio la totalità della cittadinanza, e cerca di chiamare in causa anche un esercito libanese che non vuole partecipare ad una guerra che non ha cominciato e che non rispecchia il sentimento della maggioranza della nazione; ma in Libano la logica occidentale di maggioranza e minoranza non funziona, funziona il consenso ed il sentimento popolare, funziona la sofferenza e la solidarietà. Per questo il governo libanese, nonostante rifiuti le scelte militari di Hezbollah, non si sente, in un momento così difficile per il paese, di condannarne l’operato completamente. Fare fronte comune è il motto.
Nessuno in questi mesi si aspettava che la guerra potesse scatenarsi dall’esterno, tutti presagivano un ritorno della guerra civile dovuto a dissidi confessionali. Nessuno si aspettava una reazione di tale portata da parte israeliana, in seguito ad un’operazione di guerriglia della milizia di Hezbollah. In altri momenti Israele, soprattutto negli ultimi mesi, aveva risposto a tali azioni con bombardamenti mirati, ma senza cercare di colpire le infrastrutture di uno Stato che cerca ancora di risollevarsi dalla guerra precedente.
Oggi Israele invece ha voluto lasciare un segno indelebile nella cittadinanza libanese.
Ma quanti sono i guerriglieri dell’esercito di Hezbollah uccisi? Fino ad ora non se ne ha notizia, si sa che le defezioni sono fra i cittadini, famiglie, donne, bambini. Vorrei poter dire che ci sono più di 200 morti, ma nel momento che uscirà quest’articolo il mio pessimismo mi spinge a pensare che il numero di vittime triplicherà. Si triplicheranno come le diplomatiche parole dei governi occidentali.
Intanto il prezzo del pane è alle stelle e mentre prima si poteva comprare per mille delle nostre vecchie lire, ora sembra superare le ottomila lire.
Le università hanno chiuso, i negozi aprono ad intermittenza, le televisioni sono sempre accese e le scuole ancora intatte dai bombardamenti servono da rifugio per le famiglie del sud; l’elettricità ed il combustibile arrivano a singhiozzo, e scappare dal paese attraverso l’unica frontiera nel nord, verso la Siria, può voler dire pagare 500$. Un tragitto che al massimo ne costava dieci di dollari, fino a qualche settimana fa.
In Siria la strada che unisce Tartus con Homs, a ridosso del confine col Libano, è un viavai di minibus, bus, taxi, tutti si dirigono al confine cercando anche di fare affari grazie alla improvvisa situazione creatasi.
Molti in Siria, nonostante il regime imponga un’opinione controllata, hanno accolto l’appello televisivo di Hassan Nasrallah a non farsi scappare l’occasione per infliggere una sconfitta ad Israele; in molti negozi cominciano a sventolare le bandiere gialle del “Partito di Dio”, per la strada i bambini vendono le foto del leader sciita, e si organizzano manifestazioni in ogni città.
Non hanno paura della guerra i siriani, la loro forza sta nel fatto, come mi dice un negoziante di Latakia, la città natale di Bashar al Assad, che “sia loro che i libanesi sono abituati a sopportare la guerra, sono gli israeliani che non hanno mai vissuto le bombe, ad Haifa e Tel-Aviv non sanno cosa significa vivere sotto i bombardamenti, sono loro che devono aver paura, sono loro che non resisteranno per più di una settimana nei rifugi sotterranei…”. Una visione da logica di guerra difficile da comprendere e concepire, ma che ormai quotidianamente pervade le popolazioni di questa regione senza pace. Una guerra che coinvolge principalmente la popolazione civile e che provoca la “caccia aperta” per cercare di comunicare con amici e conoscenti sparsi per il Libano. Molti stranieri sono stati evacuati fra le lacrime, molti libanesi non possono permetterselo, molti sono “costretti” a restare. E’ in tutti impellente la ricerca degli amici che vivono nel sud, a Sour o Saida, totalmente isolati dal resto del mondo; chi ha la possibilità scappa negli chalet di montagna del nord, chi non ce l’ha sta a Beirut e, come ha scritto Mahmoud Darwish in un suo libro ambientato durante l’assedio angoscioso di Beirut da parte degli israeliani nell’estate dell’82, il dolce risveglio del mattino si riduceva nel gusto di assaporare il caffé, fumare la prima sigaretta, per poi rimettersi ad ascoltare la radio o la televisione e sperare…
Anche nel 1982 l’Italia vinse la Coppa del Mondo, e sicuramente i libanesi invasero le strade della capitale per festeggiare la vittoria italiana come succedette due settimane fa. Strane coincidenze che rendono la città di Beirut speciale per chi vi vive.
Beirut è una città che provoca inspiegabilmente allo stesso istante amore e odio, una contraddizione che si trasforma in intenso amore ed impotenza in questi momenti difficili. Il senso di vuoto che sale da dentro quando bombardano una città che conosci si unisce all’impotenza, e unico rimedio alla malinconia sono ormai solo le note di Fairuz che inneggiano Bhebak ia Libnan, Ia uatani bhebak, B shmelak bi jnoubak, bi zahrak bhebak… ( Ti amo o mio Libano, mia patria ti amo, a nord o a sud, ti amo nei tuoi fiori…)
Published on SabatoSera – Bassa Romagna
Il Grande Orecchio Mediorientale
Nelle strade di Beirut spesso si vocifera e si scherza, durante normali conversazioni, quando una persona sfoggia notizie di corridoio ricevute da “fonti attendibili” o sembra che sia informato su tutti gli eventi che percorrono la città nel minimo dettaglio: “Anta mukhabarat eh?!”. Il termine si riferisce al famigerato apparato di servizi segreti statale, che in ogni paese arabo è spettro per tutti gli individui e voce di cosciente disciplina.
Un apparato che ancora oggi regge molti autocratici Stati arabi. In Libano, l’idea di mukhabarat è ancora relazionata con la Siria, che fino alla scorsa primavera, solo dopo il ritiro dal paese dei cedri, regnavano incontrastati nel panorama libanese e disponevano di una portentosa rete di informatori. Molti notano ora come sia cambiato l’atteggiamento delle persone, ben più predisposte a parlare in pubblico, senza grosse paure, di politica. Fino a poco più di un anno fa, era necessaria la presenza di fidati amici per fare certe esternazioni di carattere politico.
Ora, l’ultima domenica di maggio un’inaspettata breaking news svegliò i cittadini libanesi, pronti per trascorrere la giornata nelle spiagge del sud, le più rinomate in quanto a limpida acqua cristallina. Come risposta ad un missile lanciato dal Libano verso una postazione militare israeliana sul confine, gli aerei israeliani invasero lo spazio aereo libanese (cosa che comunque succede a cadenza settimanale) e bombardarono alcune postazioni di guerriglieri palestinesi a 15 km da Beirut, ed altre nella valle della Beeka. Una rappresaglia, quella israeliana, di una tale continuità e portata, da far tornare alla mente le incursioni precedenti la fine dell’occupazione nel 2000. La rappresaglia provocò la reazione delle milizie di Hezbollah, che si dichiararono estranei al precedente attacco, e che per l’intera giornata ingaggiarono un intenso combattimento con le forze israeliane al confine sud del Libano. Pochi mezzi di comunicazione occidentali misero in luce la possibilità che le scaramucce potessero essere strettamente relazionate con l’uccisione pochi giorni prima di un membro del gruppo palestinese della Jihad Islamica e di suo fratello, nella città di Sidone, con l’esplosione di un’autobomba azionata da un comando a distanza.
L’assassinio, spinse subito le autorità libanesi a puntare il dito contro il Mossad, i servizi segreti israeliani. Normalmente di fronte alla sindrome da persecuzione araba e le tesi cospirative, tanto in voga in occidente, i mezzi di comunicazione del vecchio continente tendono a soprassedere di fronte a tali congetture.
Gli strascichi di questi avvenimenti si protrassero per tutto il mese di giugno, fino a quando i servizi di sicurezza libanesi arrestarono in una cittadina del sud il presunto autore materiale dell’attentato ai danni dei fratelli Majzoub. Durante la perquisizione della sua casa s’incontrò materiale spionistico d’alta tecnologia, passaporti falsi e documenti compromettenti. Dalle indiscrezioni della stampa locale, sembra che l’uomo avesse ricevuto la bomba sotto forma di portiera di una Mercedes, raccolta in un porto minore del nord del Libano; l’unico suo compito sarebbe stato quello di sostituire la portiera e posizionare la macchina nel luogo prestabilito. In poche ore la persona arrestata confermò di aver ricevuto il materiale da parte dei servizi israeliani. Anche in questo caso i media occidentali evitarono nella loro quasi totalità di menzionare gli sviluppi di tale avvenimento.
Quello che più lascia perplessi, è che anche i quotidiani israeliani, sempre attenti di fronte alle azioni compiute dai propri servizi, abbiano in un certo modo tralasciato la notizia. L’unico quotidiano che chiese un’inchiesta governativa fu il Yediot Aharonot, mentre Haaretz pubblicò la notizia solamente come spalla alle incursioni nella striscia di Gaza dell’esercito.
E’ quindi difficile pensare che, dopo il ritiro “pacifico” dal Libano nel maggio del 2000, non siano ancora presenti sul territorio numerosi agenti, anche considerata l’importanza libanese nello scacchiere mediorientale. Così com’è difficile credere che con il ritiro siriano dell’aprile scorso, dopo un’occupazione di ventisette anni, non sia rimasta quella consistente rete d’informatori che lavorava nel paese. Intanto gli Stati Uniti ed Israele affermano con certezza la presenza dei servizi iraniani nelle zone del sud del Libano, in supporto logistico ad Hezbollah.
Gli apparati libanesi ancora non si sa come si siano schierati, e dal governo qualcuno fa la voce grossa dicendo che pochi giorni sono bastati per risolvere questo caso, mentre ancora niente si sa nulla delle innumerevoli bombe scoppiate in questo anno solare.
Di certo, e direi sicuramente, i servizi occidentali non sono tagliati fuori da queste dinamiche informative, ma il loro lavoro è certamente più sottile.
Le strade di Beirut sono inoltre invase da guardie di sicurezza private e militari, intenti, a orario continuato, al controllo di ospedali, banche, ambasciate, consolati, catene internazionali ed a salvaguardare la libertà del cittadino. Uno scenario senza dubbio suggestivo per un paese con una popolazione pari a quella dell’Emilia Romagna. Un grande orecchio, ed un grande occhio, che farebbe invidia sia alle futuristiche fantasie del George Orwell di 1984, sia alle ipotesi grottesche del fumettista Alan Moore di V for Vendetta.
Nell’era della comunicazione le notizie viaggiano a velocità considerevole e per canali trasversali, sia a livello locale che globale, ma di certo ognuno fa uso delle informazioni che possiede a proprio piacere.
Published on SabatoSera – Bassa Romagna
I ciliegi maturi di Muhammad e le “Fattorie di Shebaa”: specchio dell’incerto futuro libanese
Con il ritiro delle truppe siriane è sempre acceso il dibattito su quest’area, che vede come protagonisti Hezbollah, Iran, Siria, Israele e comunità internazionale. Una zona da venti anni disabitata, ma che rappresenta uno dei principali punti di forza per la resistenza anti-israeliana in Medio Oriente…
Muhammad sta smottando il terreno nel suo campo di Shebaa, attorniato da ciliegi quasi maturi e rigagnoli d’acqua, una cittadina di un migliaio di abitanti prossima alla linea Blu tracciata dalla Nazioni Unite dopo il ritiro israeliano dal Libano nel 2000, ed alle omonime Mazrah Shebaa, un agglomerato di quattordici fattorie occupate dall’esercito israeliano.
“Al tempo dei francesi c’era rispetto per l’agricoltura e la natura, c’erano degli incentivi, ora tutto è andato perso, nemmeno le rondini si fermano più a passare la stagione qui”. Quest’uomo di 75 anni ha sempre vissuto qui, e tutta la vita ha lavorato la terra e pascolato bestiame, ha assistito al periodo del Mandato francese, all’arrivo dei siriani, la resistenza palestinese del 1967 e la conseguente occupazione israeliana, fino alla guerriglia dell’esercito popolare di Hezbollah negli ultimi anni. Muhammad ha una memoria lucida nel raccontare gli avvenimenti relativi al suo villaggio ed alle fattorie che un tempo coltivava.
La questione delle Mazrah Shebaa, le Fattorie di Shebaa, un’area di 25 km quadrati sul versante occidentale del monte Hermon, è un intreccio di interessi strategico-militari, dispute su sorgenti d’acqua, strascichi della guerra arabo-israeliana e giochi di potere che attanagliano il Libano fin dai primi anni della sua esistenza, in cui anche in questo caso a farne le spese è la popolazione locale. Lo Stato libanese, e soprattutto Hezbollah, con l’appoggio di Siria e Iran, rivendica questi territori come propri, mentre Israele e le Nazioni Unite dichiarano la sua appartenenza ai siriani, come le vicine alture del Golan, ancora sotto occupazione militare israeliana dopo la guerra del 1967.
Le sette postazioni logistico-militari israeliane, dai picchi delle varie montagne in cui sono installate, con i suoi grandi radar e ripetitori, sovrastano l’intera area occupata, e sono ben visibili dal territorio libanese. La leggenda vuole che Abramo, ancora incredulo dell’esistenza di Dio, sia salito su una di queste montagne, e dopo aver rilasciato un uccello che aveva fra le mani, questo si tramutò in quattro splendidi uccelli, tornando poi solitario tra le sue mani, e togliendogli ogni scetticismo, dice Muhammad.
“Io sono libanese, la mia carta d’identità è libanese, i miei figli e i miei nipoti sono nati qui ed ora stanno tutti a Beirut perché qua non c’è lavoro e non si può studiare…certo che le mazrah sono libanesi, tutte e quattordici, ogni famiglia qui a Shebaa ne aveva una in proprietà ed alcune erano divise tra più famiglie, ci trasferivamo là d’inverno, per cinque o sei mesi, perché il clima era migliore e qui faceva troppo freddo.” Con la mano indica l’altro versante della montagna.
“In estate invece andavamo e tornavamo, era un’ora di cammino a dorso di mulo, là ci sono i ciliegi come qua, ma il clima è più secco, il terreno è ancora più duro e c’erano principalmente ulivi e fichi d’india.”
La situazione non cambiò sostanzialmente fino al 1967, quando durante la guerra arabo-israeliana, questi ultimi occuparono il territorio facendo indietreggiare i siriani. “Sono rimasto fino al 1970, anche perché la resistenza ci incoraggiava a non abbandonare le terre, ma poi la situazione è diventata insopportabile, eravamo continuamente tra due fuochi ed eravamo vittime di bombardamenti e rappresaglie, e poi c’erano mine dappertutto. Così ce ne siamo tornati stabilmente a Shebaa città e fino al 1975 andavo e venivo in giornata, per coltivare un po’ la terra e pascolare, ma dovevo fare attenzione agli israeliani, per tre o quattro volte mi hanno portato in Israele per qualche giorno, e mi facevano un mucchio di domande sui fedayin.
“Nel 1975 Israele chiuse definitivamente l’accesso all’area, da quel momento nessuno ha saputo più niente, e gli israeliani nemmeno hanno proposto la cittadinanza ai suoi abitanti, come fecero nelle confinati alture del Golan. “Nel 2000 ci aspettavamo che se ne andassero anche dalle fattorie, ma la speranza fu inutile ed i combattimenti si fecero invece quotidiani.”
Da quando, infatti, nel maggio del 2000 l’esercito israeliano cominciò il ritiro dal Libano, occupato durante la guerra civile, si incrementarono gli attacchi della resistenza libanese, di Hezbollah principalmente. Proprio non lontano da Shebaa, sulla linea blu controllata dalla forza multinazionale dell’UNIFIL, in un’operazione militare, celebrata sul luogo con tanto di cartelli con didascalie in inglese e foto, Hezbollah catturò tre soldati israeliani, i cui corpi furono restituiti poi al governo israeliano nell’ambito di uno scambio di prigionieri, che comprese anche l’ex colonnello israeliano Elhanan Tannenbaum sequestrato alcuni anni prima.
Tuttavia, in questa città tendenzialmente sunnita, la presenza visiva di Hezbollah è pressoché assente, ed anche dell’esercito nazionale libanese, e per gli stretti vicoli che la percorrono sono affissi solo poster dell’ex primo ministro Rafiq Hariri, assassinato lo scorso febbraio a Beirut, cui si affiancano solo alcune sporadiche e sbiadite foto dello sceicco Yassin, defunto capo spirituale di Hamas.
“Io non li vedo, e se li vedo faccio finta di niente, a me interessa solo il mio lavoro, ma comunque li rispetto per quello che fanno, qua lo Stato libanese non esiste, non si è mai interessato di noi, solo quando gli faceva comodo per qualche loro interesse”
Attualmente non si verificano episodi di particolare rilevanza, ma il conflitto rimane latente, e la questione delle fattorie di Shebaa è diventata di vitale importanza nelle discussioni sul “nuovo” Libano, dopo che la Risoluzione 1559 delle Nazioni Unite ha sancito tra le altre cose il disarmo dell’esercito del “Partito di Dio”, ed il ritiro totale delle truppe siriane. La rivendicazione di questa area, con l’appoggio di Siria ed Iran, è uno dei punti di forza di Hezbollah per continuare la resistenza contro il nemico israeliano, secondo un’ottica più regionale che nazionale, anche se numerosi esponenti dello Stato libanese e dell’opposizione ne appoggiano la liberazione.
La Siria afferma di aver ceduto allo Stato libanese, questo territorio in modo informale nel 1951, entrambi gli Stati hanno presentato all’Onu cartine geografiche che lo evidenziano, ma nonostante tutto il ritiro di Israele dal Libano è stato considerato totale dalla comunità internazionale.
“Io del 1951 non ricordo niente”, dice Muhammad, “so solo che nel 1958 arrivarono i militari siriani e cominciarono a chiederci dei soldi, ed a prenderci i vestiti, ma poi abbiamo resistito e ci siamo autogovernati, almeno fino al 1967 con l’occupazione israeliana”. Muhammad dice che protestarono e portarono i documenti di proprietà delle terre al governo libanese, ma questi “li perdettero” e gli dissero che “ora non valevano più i vecchi contratti, e che molti siriani avevano acquistato le terre…ma lì non c’erano altri contadini e quindi la coltivavamo noi ugualmente”.
Le Mazrah Shebaa sono sempre state un territorio utilizzato dai vari governi in un gioco di rivendicazioni, il cui interesse è ben lontano dall’essere la reale liberazione totale del suolo libanese. A pagare le conseguenze di questo gioco fatto di minacce latenti e provocazioni reciproche, è la stabilità di quello che sarà il Libano che uscirà dalle future elezioni nazionali. In un paese in cui già cominciano le prime scaramucce fra le opposte fazioni, dove nei discorsi di alcuni esponenti politici si respira aria di ritorsioni anti-siriane, si discute “clientelisticamente” sull’adozione del modello di legge elettorale da adottare, e si fanno futili dichiarazioni sulla possibilità di dare diritto di voto ai turisti arabi in vacanza in Libano, il futuro si presenta particolarmente incerto.
Intanto, mentre si assiste al trionfale ritorno del ex colonnello Michel Aoun dal suo esilio di quindici anni in Francia ed è pronta l’amnistia a favore di Samir Geagea, leader delle Forze Libanesi, paesi vicini come Iran ed Israele, occupando il posto riservato alla Siria, cominciano a prendere posizioni aperte sul nuovo Libano. La questione di Shebaa, in questo groviglio geopolitico, rimane aperta e la soluzione non sembra decisamente prossima.
“Sì, forse torneremo alle nostre fattorie, ma solo quando ci sarà un vero Stato libanese” dice Muhammad con rammarico, ” perché gli arabi sembra che non esistano, se no perché avrebbero dovuto combattere continuamente fra di loro per tutti questi anni?”
Published on ReporterAssociati
