Ultima estación, Europa

Mi aporte sobre la supuesta “crisis” griega, que más bien es una crisis de Europa, en El Espectador y aqui abajo

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La crisis griega es solo un reflejo de la más amplia pero lenta agonía de la Europa social, propiciada por una clase dirigente alejada de sus ciudadanos

¿Estás intentando parar pacíficamente un desahucio ordenado por unos de los bancos que llevaron al punto de quiebra los países europeos en 2008?La desobediencia civil se cobra: 30.000 euros de multa ¿Te ocurre compartir por Facebook una convocatoria de una manifestación no autorizada?Un año de reclusión o una multa entra 30.000 y 600.000 euro. Son algunas de las nueves leyes del código penal que acaban de entrar en vigor en España. Medidas draconianas ya criticadas por representantas de Naciones Unidas, Amnistía Internacional, y que el New York Times ha definido como un inaceptable regreso al modelo franquista. Si hace unos años hubieran existido estas leyes, el movimiento de los indignados probablemente no hubiera visto la luz. Por cuanto sean leyes que llevan el solo sello del Partido Popular, cuando aun tenia mayoría absoluta en el congreso, el silencio de los partidos políticos tradicionales y de los medios españoles, también de la izquierda cercana a la clase dirigente, ha sido ensordecedor. La campaña para hacer caer la “ley mordaza” está en mano de la ciudadania, los más afectados.

En estas mismas semanas también ha entrado finalmente en vigor en Francia la “loi sur le renseignement”, también definida de vigilancia de masa. Utilizo de metadata por parte de las autoridades y controles masivos sin necesidad de un visto bueno judicial: en practica una rehabilitación de gran parte de lo que Edward Snowden ha denunciado que estaba implementando ilegalmente Estados Unidos y que ha provocado olas de indignación en todo el mundo. Principal objetivo, la hipotética prevención de atentados terroristas; primera consecuencia, control no regulado de la ciudadania.

¿Tienen estas medidas algo que ver con la denominada “crisis griega” y el brazo de hierro con las instituciones europeas? Sin duda, porque el abandono por parte de Tsipras de las negociaciones con la Comisión Europea ha desvelado la irreconciliable distancia entre la ciudadania, el establishment europeo y las clases políticas nacionales. Por cuanto teatral y pseudo-patriótico el llamado al referéndum del 5 de julio por parte del primer ministro griego, un novato de los palacios del poder europeo, lo que queda es la indignación que ha provocado esta medida en toda la clase dirigente europea, el silencio de sus intelectuales y las acusaciones a Grecia de gran parte de los medios.

Un llamado a una consulta popular que debería haber recibido por lo menos un tímido aplauso por parte de una Europa cada día más alejada de los principios que desde décadas sus dirigentes dicen conformar su identidad milenaria: democracia, libertad y paz. Podía ser una bocanada de oxigeno para instituciones comunitarias y buena parte de una clase política nacional que han perdido legitimidad democrática de cara a los ciudadanos, tanto por su incapacidad de hacer frente a los problemas económicos, como por su distancia de los problemas reales de la población. Un deficit democrático a lo que ya se asistió cuando se ratificó hace una década una Constitución para Europa. Casi ningún gobierno se atrevió a poner a votar sus ciudadanos para respaldar la carta, los pocos países que lo hicieron encontraron un rotundo rechazo. Un síntoma a que los gobernantes hicieron oídos sordos.

Deficit y distancia que se encuentran también en la así llamada “emergencia” migrantes en el Mediterráneo. Una crisis humanitaria donde lo que más destaca es la falta de voluntad de una solución compartida por parte de los socios europeos y desvela la perdida de los ideales que deberían caracterizar Europa, por lo menos por sus dirigentes. Así como la deuda de Grecia representa un porcentaje mínimo del presupuesto de la Union Europea, así la “carga” de los migrantes representa solo un 0.1% de la población europea. Uno 0.1% que lleva políticos de Italia, un país donde desde hace años se instalan gobiernos no elegido en las urnas, o España, a querer bombardear las costas libias o los barcos de los traficantes. La ley mordaza española sanciona de hecho, al perfecto estilo medieval, la legalidad por parte de la policía de devolver “en caliente” quien intente entrar a la fortaleza Europa.

La crisis desatadas por el rechazo de Tsipras a firmar otro acuerdo de recortes no es una crisis griega, pero más bien es la final agonía de la Europa social y de los ciudadanos. No es un caso que propio el sistema de pensiones, un logro de los movimientos sociales del pasado y símbolo de la Europa social que tanta admiración recoge por el mundo, es lo que más ha descarrillado las negociaciones entre las instituciones europeas y Grecia. Como dijo Tsipras, “En estos momentos cruciales, todos debemos recordar que Europa es el hogar común de sus pueblos. No hay dueños ni invitados en Europa”. Tsipras sabe que se equivoca, pero prefiere evocar una visión romántica de Europa y olvidar que la Union Europea al contrario ha nacido como una comunidad económica, que ha promovido por años una identidad de paz y libertades, y aceptando, siempre con condiciones económicas, nuevos miembros a un club que nunca ha sido igualitario. El tema para debatir en este momento no es donde va Grecia, que será de la moneda única, si la Union Europea se salvará, pero más bien es urgente preguntarse cual es el camino que está tomando Europa, y sobre todo donde la está llevando su clase dirigente, tanto la que está en sus capitales como en Bruselas. Fuera hay ciudadanos que, aunque se animen todavía a organizarse, no entienden porque desde arriba insisten en fracasadas políticas de austeridad, y porque la única respuesta que encuentran son más recortes, económicos y de libertades. La Europa de los ciudadanos existe, la que falta es una clase dirigente que la refleje.