La rutina global de controlar la información

La masacre del apartamento de Narvarte en Mexico y el intento de un juez aleman de llevar a juicio a los periodistas de Netzpolitik son dos ejemplos de como cada vez más sea necesaria una prensa critica capaz de controlar los centros de poder y como todos tenemos que hacer la tarea de desvelar la prensa estenografica y complice. Aqui en El Espectador y abajo mi columna de opinion.

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La masacre en el apartamento de Narvarte en Ciudad de Mexico apunta obligatoriamente a un intento de silenciar quien hacía información: Ruben Espinosa, fotógrafo de profesión, y Nadia Vera, activista. Ambos, ciudadanos comprometidos con la grave situación humanitaria mexicana. Las otras tres mujeres asesinadas en el apartamento, junto al silencio, la confusión y la imprecisión alrededor de sus nombres, no han sido efectos colaterales sino más bien parte de un mensaje mafioso más profundo a los periodistas mexicanos y a todos los ciudadanos.

Las autoridades mexicanas encargadas del caso apuntan a la pista del “robo después de noche de fiesta”. Una versión recogida desafortunadamente de forma estenografica por mucha prensa, no solo mexicana. Las mismas autoridades difundieron informaciones erróneas de los hechos, junto con la publicación de pruebas parciales a uso y consumo de las masas de televidentes. Lo que es particularmente relevante en una era donde un video puede tener más impacto en la opinión publica que miles de pruebas de ADN. No le dan particular relevancia al hecho que, según la versión que propusieron, las cinco personas fueron asesinadas, algunas violadas, con un tiro de gracia en la cabeza a través de un cojín con una pistola con silenciador, en teoría a las tres de la tarde y en poco menos de una hora de tiempo. La falta de critica de algunos medios, el silencio de las alta cargas institucionales del país y el ponciopilatismo del gobernador Duarte, acusados en antelación por dos de los difuntos, los implica, directamente o indirectamente. Parece tan evidente que hasta unos intelectuales europeos, en una escasa muestra de interés hacia algo que no afecte sus propios corresponsales nacionales, pidieron en una carta a la Union Europea de bloquear los negocios comerciales con Mexico.

También en Europa o Estados Unidos deberían empezar a preocuparse por el lamentable estado del cuarto poder, y por la batalla silenciosa de autoridades publicas y privadas, a punta de leyes y juicios, por el control de la vida privada de los ciudadanos y la circulación de la información. Hace dos semanas en Alemania fueron acusados de traición a la patria dos periodistas de la web Netzpolitik por haber reportado, gracias a un informador, el plan de los servicios secretos de implementar un sistema de vigilancia masiva de los ciudadanos. En la indignación general por el ataque a la libertad de prensa (y de los ciudadanos) en el corazón de Europa, el Ministro de Defensa despidió el procurador. No porque fuera un derecho de los ciudadanos saber si el Estado planeaba vigilarlos ilegalmente o incumplir con la Constitución, sino porque la información no se podía considerar secreto de Estado.

Estos casos, aparentemente a las antípodas, nos muestran como ya no podemos pensar en un cuarto poder que solo quede representado por la prensa tradicional. Frente a las vejaciones de los poderes fuertes, el control de la información se ha vuelto una tarea del ciudadano en el cumplimiento de sus deberes democráticos. La masacre de Narvarte es la evidencia material, en su modalidad más sangrienta y tradicional, de como autoridades corruptas o criminales consideren tanto periodistas profesionales como simple ciudadanos como enemigos igual de incomodos. En esta batalla, donde no siempre la prensa tradicional cumple con su rol, donde será cada vez más constante la presencia de whistleblowers y el utilizo de la información de forma engañosa, toca al ciudadano analizar activamente la información que le ofrecen y devolverla en su forma más critica a la sociedad.