El gran trueque de nuestros datos personales

No hay necesidad de regalar más datos personales para que la prensa del futuro sea sostenible. Aqui mi reflexion en El Espectador

Es singular que el día en que Edward Snowden abría, desde su asilo en Moscú, una cuenta en Twitter y recibía en menos de cuatro horas más de 500.000 seguidores, al otro lado del mundo, en Medellín, Jeff Jarvis, el periodista emprendedor neoyorquino, proponía a la audiencia del Premio Gabriel García Márquez de periodismo que los individuos cediéramos más de nuestros datos personales a medios y nuevas corporaciones de la información.

El mundo de los medios está en ebullición desde hace unos meses después de haberse finalmente dado cuenta que millones de personas en el mundo están utilizando adblockers. Lo que para muchos medios representa el derrumbe de su más tradicional modelo de financiación en la red. Como panacea para los problemas de financiación del periodismo del futuro, Jarvis aconsejaba a los medios aliarse con empresas como Facebook y apostar para la personalización de las noticias.

La propuesta de Jarvis sin embargo tropieza con cuestiones relativa a la seguridad y el poder creciente de estas empresas en el mundo virtual y real. El año pasado el mismo Snowden alertó sobre los agujeros negros en términos de privacidad de Google, Facebook y otras empresas que ya tienen en sus manos mucha de la información global. Tampoco es casualidad que recientemente desde las columnas del New York Times Zuckerberg y Bono, reyes de las causas del humanitarismo, se aliaron para ofrecer Internet gratis a todos los refugiados en camino hacia Europa. Para mantener contactos constantes con la familia, explicaron. Lastima que, como comentó en seguida el gurú de la news literacy Dan Gillmor, parece más bien que Zuckerberg quiera simplemente más usuarios y más datos, lo que supone ganar mayor poder político, transformando así su plataforma en actor clave también en crisis globales como la de los refugiados.

¿Es un tema relevante la defensa de los datos personales y el poder de estas empresas para los medios latinos y su audiencia? Las cuestionables pero puntuales propuestas de Jarvis para sanar el periodismo del futuro dejaron bastante inquietudes entre los asistentes en Medellín, sobretodo relacionadas con el tema de la financiación y menos con la cuestión de la privacidad o los peligros para la libre circulación de la información.

Los premios Gabriel García Márquez son el ejemplo concreto de como los periodistas en América Latina tienen que enfrentarse a diario a tradicionales atropellos de las autoridades. Los finalistas de este año destacaron por excelentes investigaciones sobre casos de corrupciones en altos niveles de la política, abusos de poder de fuerzas publicas o por innovaciones en la verificación del discurso publico. A diferencia de otras regiones del mundo, en lugares como México, Colombia, Brasil, Ecuador o los países de Centro America, los periodistas incómodos todavía se silencian a fuego, obscureciendo sus medios o con despidos.

El peligro es que en el próximo futuro se consoliden otras formas para obstaculizar la circulación de la información. Muchas de las plataformas virtuales a las que entregamos nuestros datos, y con quien muchos medios internacionales están pensando aliarse para alcanzar más audiencia, son en gran parte dueñas de la información que quieren ofrecernos. A través del famoso algoritmo deciden arbitrariamente que enseñarnos, y escogen lo que es mejor para nosotros según nuestros supuestos intereses.

Para muchas personas, que los demás tildan de paranoicos o de creer demasiado en un distópico futuro orwelliano, la lucha por los datos y la privacidad va más allá de la inconformidad en regalar unas fotos de las vacaciones a nuevas empresas de comunicación. Tiene que ver con el poder de estos nuevos actores, sus posibles alianzas con gobiernos deseosos de controlar sus ciudadanos, y la futura libre proliferación de la información. El descuido de los medios de comunicación hacia estos temas, en nombre de nuevos modelos de financiación, sería una imperdonable traición a su rol natural de control del poder.