Estado Islámico de fragmentación

Pocas horas antes de los atentados de Beirut y Paris mandamos para la edición impresa este articulo sobre el Estado Islamico y su continua presencia, no obstante los medios de comunicación le perdieron la pista. Otra vez ha vuelto a tomar las portadas de los medios globales. Aqui y en El Espectador el articulo completo:

No participa en elecciones, no tiene representantes internacionales y ningún gobierno lo reconoce, pero como bombas de racimo se propaga dejando secuelas de sangre y victorias para su máquina de propaganda. Aunque ya no sea el sujeto principal en la narrativa de los medios, y los gobiernos no parecen verdaderamente interesados en enfrentarlo enérgicamente, el Estado Islámico sigue allí.

En las recientes elecciones en Turquía su aporte ha sido fundamental para la victoria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Las bombas en las manifestaciones de Ankara contra los kurdos y la izquierda han facilitado la campaña de tensión del presidente turco Recep Erdogan. Si fue solo el Estado Islámico, o si se manipularon sus operativos, en perfecta coherencia con una tradición histórica de las agencias de inteligencia en el Mediterráneo, es difícil descubrirlo. La mayoría de los combatientes extranjeros siguen pasando por sus fronteras, y su presencia en el país es evidente, como denota el estratégico asesinato de dos activistas sirios que llevaban una página de contrainformación sobre el califato. Una violencia contra prensa y activistas que se confunde con la oleada de encarcelaciones y cierre de medios de comunicación opositores por parte del gobierno turco, que en nombre de la lucha al terrorismo fueron recibidas con un fragoroso silencio por parte de la comunidad internacional.

De la península de Anatolia, el Estado Islámico se desplazó hacia la del Sinaí, en específico hacia Sharm el Sheij, visita obligada en los últimos años de turistas rusos. Un avión ruso derribado, 224 muertos, la reivindicación-video desde Raqqa, tildada por gobiernos y medios de oportunista. Nadie quiere hundir ulteriormente una economía egipcia ya al borde del desastre, y Rusia no se atreve a declarar los primeros mártires desde el comienzo de su campaña militar en Siria del lado de Assad. Bombardeos que casi no han apuntado a los bastiones del Estado Islámico. Mientras va poco a poco desapareciendo el interés por el desastre aéreo, remplazado por otros titulares y la voluntad de los gobiernos afectados de rebajar la atención, parece claro que la reivindicación tenia cierto fundamento.

Desde Egipto hasta Downing Street, en el centro de Londres, el Estado Islámico acompañó virtualmente la visita del presidente golpista egipcio Al Sisi a David Cameron. Una polémica invitación para rehabilitar una figura clave para las cancillerías occidentales en la supuesta lucha contra el terrorismo. Visita que llega justo en el momento en que se publica un informe sobre los 323 muertos por tortura o negligencia en las cárceles egipcias desde su golpe de Estado en 2013 o los más de 150 casos de desaparición forzada. Ningún comentario desde los gobiernos aliados occidentales, pero por el momento los turistas ingleses, sin demasiado clamor, quedan atrapados en el Sinaí.

Podemos seguir fingiendo que no están allí y que existe una coalición global que está enfrentando el terror del Estado Islámico. Pero es una coalición que en realidad no existe, y los gobiernos que supuestamente la componen parecen más bien interesados en aprovechar la amenaza para consolidar su poder, emulando a menudo sus violaciones en todas latitudes. Marcando un infausto precedente, la policía inglesa ha confiscado recientemente los ordenadores y todo el trabajo de un periodista de la BBC que había cubierto las hazañas de unos yihadistas ingleses. En un ficticio clima de lucha contra el terrorismo resulta más difícil que se investiguen las razones de este monstruo que ha alcanzado lo que ningún otro grupo pudo en el último siglo. Felicitamos a los medios por no enseñar sus últimas barbaridades, pero resulta peor ignorar o disminuir su alcance real. Para el interés del público, no para su entretenimiento.