Érase una vez los medios

Los eventos del 11 de septiembre, junto con la evolución impensable en aquel momento de la comunicación, ayudaron a crear un entorno en el cual los medios, en nombre del miedo y el lema de la supuesta seguridad, fallan a menudo en su utópica tarea de contribuir a un mundo mejor.

Aquí mi articulo para El Espectador:

En términos ideales, las noticias propagadas por los medios, especialmente las de carácter internacional, deberían servir para combatir la ignorancia, la pasividad de una audiencia lejana de los lugares donde ocurren los hechos, y combatir los prejuicios hacia sociedades y culturas lejanas. En definitiva, para intentar entender al otro. Así es como define las noticias el escritor Alain de Botton en uno de sus últimos ensayos: las noticias pueden ayudar a crear un mundo mejor.

El 11 de septiembre de 2001 ha contribuido a desencadenar más guerras y una violencia que ha aumentado de forma exponencial, junto con una constante sensación de inseguridad y su diaria presencia mediática en la vida de todas las personas. Las consecuencias de ese día han repercutido en todos los campos e impactado también la tarea diaria tanto de los medios de comunicación como de los periodistas que han cubierto eventos relacionados en los últimos 15 años. Y que se tienen que relacionar con la evolución de la sociedad actual y del ámbito de la comunicación global por cuestiones ajenas a estos atentados.

En lugar de informar y ayudar al conocimiento, los medios internacionales han contribuido en gran medida a alimentar los prejuicios, fallando en explicar en muchos casos las causas estructurales detrás de estos horribles ataques. Muchos se dedicaron a estigmatizar a una comunidad, la musulmana o árabe —a menudo, por ignorancia, considerada una única entidad en nombre de la simplificación—, con los actos de unos pocos. Una estigmatización que 15 años después crece.

Los años que hemos recorrido desde el 11 de septiembre no se pueden entender si no se hace referencia a la palabra clave de esta época que empezó con los ataques a las Torres Gemelas: la búsqueda de la seguridad, y su contrario, la inseguridad. Una sensación de inseguridad continua a la que han contribuido en gran medida los medios de comunicación. Una inseguridad que se ha dado por la cobertura de eventos más o menos relevantes en el único tono posible del alarmismo.

Un alarmismo que se ha alimentado con el culto y la propagación cada vez más actual de las breaking news. Una situación que se repite cuando estallan eventos más o menos relevantes y que a menudo se pierden en una información equivocada y simplificada, sin rectificaciones sucesivas.

En la pandemia de real o falsa inseguridad general también los periodistas que han cubierto estos temas perdieron la seguridad de ser actores super partes de los conflictos del mundo. Especialmente desde 2003, con la guerra de la coalición liderada por Estados Unidos contra Irak, los periodistas de cualquier nacionalidad u origen trabajando en cada rincón del mundo se volvieron objetivos de grupos armados de todo tipo, mercancía para chantajes o utilizados para tener un impacto sobre la audiencia.

Al mismo tiempo, en la última década, en nombre de la lucha contra el terror y la seguridad, en cada país del mundo, incluso en democracias occidentales, se han arrasado los derechos de los que quieren informar, en contra de los principios básicos del Estado de derecho.

Pero a esta situación es necesario añadir también consideraciones sobre la evolución de los medios y la comunicación en la sociedad actual, ajena en gran parte a las consecuencias de los atentados del 11S.

Cada vez más, y a nivel global, los medios han ido impostando su cobertura de los acontecimientos con una específica agenda política que responde a los intereses mismos de los poderes detrás de cada medio. Medios tradicionales, periódicos, portales web o televisiones satelitales, todos han entendido el valor de la información y el impacto político de su cobertura sobre la audiencia. Olvidando por completo la tarea auspiciada por Botton.

Las cosas se han ido enredando aún más por los medios de comunicación, y sobre todo por su audiencia, con la evolución del modelo de comunicación a nivel global y la entrada en la escena de otros dos factores: el usuario creador de noticias y el reciente paso por parte de la gran mayoría de los medios de dejar la distribución y a menudo, de consecuencia, el proceso editorial a conglomerados mediáticos sin una clara ética editorial.

La historia del joven húngaro que en los meses después del 11 de septiembre compartió en la red una anacrónica imagen donde se ve fotografiado arriba de las Torres Gemelas en los instantes anteriores a que el avión de American Airlines impactara en el edificio, es el perfecto ejemplo de todos estos matices y de la situación actual. La foto se ha compartido millones de veces en las redes sociales a lo largo de estos años, con falta de consideraciones sobre si fuera en realidad una verdadera toma. El fake del húngaro ha sido quizás el primer ejemplo del carácter catastrófico de la difusión no controlada de noticias por las redes sociales y que representa quizás la plaga más común hoy en día de nuestra vida online.

No obstante, es imposible no destacar lo enriquecedora que sigue siendo la posibilidad por cada individuo de ser en sí mismo un medio de comunicación, cuya contribución está a menudo en las manos de redes sociales y conglomerados mediáticos. Instituciones que no sustentan su difusión de noticias en la idea de contribuir a un mundo mejor con menos ignorancia y para entender el otro, para parafrasear al filósofo suizo, sino, al contrario, dando una importancia altamente más relevantes a clics ylikes.

En todo este panorama, en las carencias que han ido desarrollando muchos medios, el alud informativo y la cada vez más escasa presencia de recursos para periodismo de calidad hecho con ética profesional, lo verdaderamente importante sigue siendo el papel de la audiencia y su conocimiento del informador. A través del conocimiento de los procesos de los medios, hoy como hace quince años, se pueden evitar aquellos prejuicios y falsas alarmas de inseguridad que se han disparado en la época actual, también por el carácter mismo de la sociedad. Los eventos del 11 de septiembre, junto con la evolución impensable en aquel momento de la comunicación, han contribuido a crear un entorno global donde los medios, en nombre del miedo y el lema de la supuesta seguridad, fallan a menudo en su utópica tarea de contribuir a un mundo mejor.