La modernización turca pasa por Ayazma


El desalojo de un suburbio de Estambul evidencia un matiz del actual contencioso entre laicistas y Gobierno islamista

Tan solo después de un minuto de juego, Paolo Maldini marca el primer gol que deja a la afición del Liverpool sin palabras. Luego es Crespo quien con un doblete hace soñar al Milán con ganar la Liga de Campeones. El inesperado segundo tiempo dará la vuelta al partido, y será el Liverpool quien celebre la victoria final en la tanda de penaltis en el nuevo estadio Ataturk de Estambul. Los jóvenes de Ayazma, un suburbio de la metrópoli turca de Estambul pegado al nuevo estadio, todavía recuerdan con emoción aquella noche, cuando se oían los gritos de júbilo de los ingleses y los cánticos de los tifosi.

Dos años después de aquel 25 de mayo, no queda mucho de este gecekondo, literalmente casas construidas en una noche, que por una antigua ley turca las autoridades no podían derribar si las encontraban ya construidas. La casi totalidad de los habitantes de Ayazma son kurdos del sur-este, que llegaron a los suburbios de Estambul en distintas oleadas desde los años cincuenta escapando de las crisis económicas y del conflicto entre la guerrilla kurda del PKK y el ejército, que causó la destrucción de más de 3000 pueblos.

Lo que queda de este suburbio, rodeado por el aeropuerto, el estadio y la inmensa zona industrial de Itikelli, son los escombros de algunas casas y la parte baja del pueblo, donde las excavadoras aún no han llegado. En este valle los kurdos habían reproducido su estructura de vida del sur-este, aunque viviendo en pésimas condiciones higiénicas, rodeados de basureros públicos y apestados por un olor nauseabundo. Paseando por las ruinas todavía se pueden ver mujeres preparando el pan en hornos en el suelo, y pastores llevando las ovejas al pasto en medio de basura y ladrillos.

Con el nuevo plan urbanístico de la ciudad y su abierta intención de acabar con las viviendas ilegales, muchos de sus habitantes han sido trasladados a nuevos y asépticos apartamentos: un aglomerado de 55 edificios semejantes que albergan 2400 apartamentos. Un proyecto que además de convertir a unos rurales al estatuto de urbanos, con todas las implicaciones sociológicas que esto conlleva, cambiará radicalmente el perfil de la Estambul del futuro y la vida de esta gente. TOKI, la empresa casi-gubernamental que se ocupa de la actuación del plan urbanístico junto a los ayuntamientos implicados, propuso a los habitantes de Ayazma trasladarse a un precio ventajoso a las nuevas torres, como las han bautizado los habitantes de Estambul. Esta negociación pero, no se ofreció a todos los habitantes. Aquellos que no recibieron ninguna propuesta por parte de la empresa, esperaron la marcha de las excavadoras para construirse baraka de plástico y madera, que les permitieran por lo menos tener un hogar en medio de los escombros. El frío invierno turco ya pasó, pero las condiciones de vida alcanzan ahora niveles preocupantes.

Tampoco la situación en el informal aglomerado resulta mucho mejor. Los nuevos inquilinos tienen que conformarse con lavabos que no funcionan, muebles de baja calidad y una nueva extraña vida sin jardín, huerto y ganado. Además, y más que otra cosa, el precio de la vivienda superó en los seis primeros meses en un 300% el precio inicial, causando las protestas de los recién llegados y el miedo de los futuros inquilinos que aún viven en Ayazma. Las protestas en las oficinas de la empresa y en el ayuntamiento local, que pertenece al partido gubernamental del AKP, consiguieron bloquear los intereses hasta después de las complicadas elecciones presidenciales que esta viviendo la Turquía actual, y en las que se enfrentan partidarios laicistas y islámicos. Una lucha que las editoriales del periódico pro-gubernamental Today’s Zaman ven como una disputa entre la oligarquía centralizada que propone una economía de renta y la periferia que se centra en una economía de mercado más abierta a las inversiones extranjeras, con un guiño a la Unión Europea. Una dinámica que se inscribe bien en el diseño del nuevo plan urbanístico de Estambul, ciudad gobernada por el AKP y que tuvo como prestigioso alcalde al actual Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan.

Mientras tanto, los habitantes que quedan en Ayazma mantienen estoicamente su vida rural, en medio de basureros y excavadoras que trabajan en la construcción de la nueva línea de metro que llegará al aeropuerto. Para los kurdos de Ayazma, que con los gitanos y los africanos representan las clases más pobres de las metrópolis turcas, la cuestión es demasiado profunda para contrastarla, y solo deja espacio para un sentimiento de resignación. En nombre de la modernización, que pronto alcanzará nuevas áreas de la metrópolis, volverá a presentarse ante ellos el espectro del desplazamiento, esta vez bajo la forma de una urbanización forzada.

Published on ElPais [PhotoRiportag]